documentos extraviados
niños de chernobil
2017-2021
fotografía
intervención de archivo
video
música
instalación
curaduría jorge fernández torres
investigación maribel acosta damas & sonia cunliffe
Abril 2016
Nov 2016
Enero 2017
Julio 2019
Marzo 2020
Marzo 2020
Septiembre 2023
Lima Capilla Centro Histórico
Miami Art Basel Mana Contemporary
Cuba Galería Reino de este Mundo, Biblioteca Nacional
Fototeca de Cuba
Mantua Italia Bienale de la Fotografia Femenile
BIA Asunción Paraguay Estación Antigua del Ferrocarril
Eslovenia, Liubliana Centro para la memoria y los derechos humanos
Documentos extraviados
Todavía hoy resulta difícil establecer los lindes entre el registro visual de cualquier pieza artística frente a la fuerza de la acción misma que evoca. Sin embargo, cuando la obra se vuelve proceso para transformarse en archivo de un determinado contexto, el arte sobrepasa el documento y entra en ese cuestionamiento ambiguo de los límites imaginarios entre la realidad y la ficción. Este es el sentido de la muestra que propone la
artista peruana Sonia Cunliffe basada en la investigación de la periodista cubana Maribel Acosta. El desastre nuclear de Chernobil, cercano al descalabro de la Unión Soviética y del socialismo del Este Europeo contrastan frente al hecho de gran trascendencia humana que fue la asistencia médica brindada en Cuba durante dos décadas a más de 26 mil niños afectados por esa tragedia, en medio de la crisis económica más profunda vivida en la Isla.
Esta exposición contrapuntea con lo que es visible o no como experiencia estética, interviene en la manera en que se construyen los discursos a través de los medios de comunicación y abre interrogantes sobre la mutación de una información en dependencia del lugar donde se coloca. Aquí la artista no se obsesiona con representar, más bien presenta un hecho histórico y altera la naturaleza de cualquier relato establecido para entrar en los intersticios que ofrece la vida misma.
El alcance significativo de un gesto de esta envergadura, yuxtapone muchos hechos entre sí. La obra no responde a la totalidad que exige la instalación. Los fragmentos están dispuestos libremente para dialogar entre sí, fuera de esos muebles empolvados donde durmieron pacientemente durante años. Al final el arte no se hace otra cosa que hacer evidente desde el acontecimiento lo que ocurre o puede ocurrir y que habita en una órbita al margen de nuestra mirada .
El documento extraviado es parte de una piratería, no importa a quién pertenece la imagen de origen, ni cómo se hizo. Sonia Cunliffe es una documentalista visual que se apropia del suceso para recomponerlo. La artista fabrica su guión y muestra reverencia por el trabajo de los otros. Su actitud desborda el manido gesto del collages, piensa en digital y construye en analógico desde ese montaje de atracciones de un Serguei Eisenstein y la vocación por ordenar el caos que se planteó desde el cine ojo o cine verdad Dziga Vertov.
El sentido de la creación para Cunliffe no está en el apego a esa imagen naciente dada por el obturador, sujeta a encuadres y al posicionamiento de la luz, ella revela conexiones afectivas y sociales a partir de la curiosidad intelectual de alguien que descubre en el registro de una información, la cercanía o la distancia de lo que está aconteciendo. Su generación es parte también de la complicidad latente y manifiesta de una utopía que amenaza entre su derrumbe y posible resurrección.
Moverse en estas diatribas no deja de obligar a esta creadora a sortear todo tipo de escollos que oscilan entre el arte panfletario y el arte disidente, a sabiendas de que en ambos casos -como sucede también en la política- las valoraciones están sujetas a un oportunismo declarado o no, en dependencia del sitio en que se muestre este tipo de piezas y el dictac de determinados espacios institucionales en los que se definen las formas de poder en el arte y en la política. Ante este panorama, la artista opta por hacer literalmente lo que le da la gana, al conocer que las paradojas de lo que puede ser lícito o no en la creación se desplazan más a la ética que al sentido tradicional de la percepción estética.
Nada es gratuito en lo que hace Sonia. Su interés es subvertirlo todo, de ahí que es muy importante pensar en los espacios y en que las obras respiren libremente en él. Esta vez para Perú se tomó una antigua capilla con la carga sacra que aporta el lugar. Es un hecho que se vuelve una acción multimedial, como un canto gregoriano infinito interpretado por las voces de los protagonistas de estos episodios. La música compuesta por J. Fernández Acosta le aporta un tono dramático a la escena. La inspiración del compositor está en los relatos pertenecientes al libro Voces de Chernobil de la periodista bielorrusa Svetlana Alexievich, galardonada en el 2015 con el premio nobel de literatura. La pieza musical es de una gran riqueza contrapuntística que, como en las realizaciones del cineasta cubano Santiago Álvarez se erige en el elemento de unidad de todo lo que está pasando alrededor para desbordar las intenciones iniciales y llegar a un concepto mayor.
Sonia Cunliffe convierte el trabajo de un cuarteto de cuerdas en la altisonancia de una gran cantata oratorio audiovisual de la vida, la muerte y la desesperación humana. Sin esto, no estoy seguro que hubiera sido posible el arte.
Jorge A Fernández Torres
Director del Museo Nacional de Bellas Artes, Cuba
Director de las cuatro últimas ediciones de la Bienal de la Habana
invitación
iglesia de santo tomás de aquino
lima, perú
DOCUMENTOS EXTRAVIADOS
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Salud publica. Niños de Chernobil. Del primer grupo que el pasado año llegó a Cuba, sólo una quincena permanece con tratamiento.
Alexander, que se mantiene en un aislamiento estricto, habla telefónicamente con mamá. La Habitación permite a través de un cristal que la separa de un pasillo lateral, que el padre y sus familiares pueden verse también.
Enfermera en tratamiento de una niña sovietica
«Visita fuera de horario» Periódico Cubano