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el guerrillero heroíca

2017-2021

intervención de archivo
instalación

curaduría jorge fernández torres

BASADO EN LA NOVELA “LOS NUEVO JUGUETES DE LA GUERRA FRÍA”
DE JUAN MANUEL ROBLES

Zona Sur, años ochenta

En la parte trasera de la Embajada de Cuba en La Paz, que entonces quedaba a pocos pasos de la Plaza Humboldt, existió entre 1984 y 1988 una pequeña escuela destinada a la educación de los hijos de los diplomáticos cubanos. La escuelita se llamaba El guerrillero heroico, aunque nadie lo sabía porque nunca hubo ningún anuncio exterior. La maestra —una sola para todas las materias— era la esposa de Salvador, uno de los diplomáticos, y consiguió que enviaran material escolar original de la isla. Los niños, todos de primaria, iban con uniforme de pioneros. Pantalón o falda roja, camisa o blusa blanca, boina roja. Yo no era cubano, pero mi familia había llegado poco tiempo atrás desde Lima. Mi padre, periodista de Prensa Latina, usó sus contactos en la embajada para que mi hermana y yo entráramos en la escuelita. Yo era el menor. Me dieron una pañoleta azul.

Un día, fuimos al lago Titicaca para dejarle flores a Camilo Cienfuegos. La maestra me había dicho que en La Habana los pioneros tenían la costumbre de homenajear a Camilo, que había desaparecido cuando su avión se cayó al mar poco después del triunfo de la Revolución. Todos los años, los pioneros se iban al malecón y le echaban flores. Y como Bolivia no tenía mar, a ella se le ocurrió que debíamos ir al lago. Fue súbito, como algunas de sus decisiones. Un día, decidió que no iba a haber clases y partimos todos. Nos acomodamos en la camioneta de Salvador. La maestra iba en el asiento del copiloto; mi hermana Rebeca y yo, en el asiento de atrás; el hijo del embajador, Aníbal, y los hijos del cónsul en la maletera, junto a una bolsa de papel con unas rosas blancas que habían comprado para la ocasión. El viaje duró dos horas, hasta que llegamos a un claro donde la distancia entre la orilla y la carretera se hacía corta. Allí nos bajamos. Lanzamos las rosas. Las flores blancas se transparentaban en el agua del lago.

Juan manuel robles