De ausencia en ausencia
2025
Pieza musical
composición: jorge antonio fernández
El soundtrack del exilio
En el marco de Casacor 2025, Sonia Cunliffe presenta De ausencia en ausencia, pieza para cuerdas del compositor cubano Jorge Fernández Acosta que evoca el exilio de los niños Peter Pan.
Interpretada por la Orquesta Haku en la Capilla del Puericultorio,
fusiona música, memoria y arquitectura en un acto de reparación sonora.
Bajo las bóvedas neocoloniales de La Capilla del Puericultorio Pérez Araníbar, un eco del pasado cubano se alzará el 19 de mayo de 2025 en el marco de Casacor 2025: De ausencia en ausencia, pieza sonora creada entre el compositor cubano Jorge Fernández Acosta y nuestra artista multidisciplinaria Sonia Cunliffe, figura capital de la escena cultural peruana, para el proyecto con el que esta última participó en la Bienal de La Habana 2024, su cine itinerante Operación Peter Pan, de ausencia en ausencia.
El estreno en suelo limeño de esta pieza de cuerdas, interpretada por la Orquesta de Cámara Haku, será tanto un acto artístico como un ritual de la memoria que confronta el desgarro de los 14,048 niños cubanos exiliados durante la Operación Peter Pan (1960-1962), un episodio marcado por la manipulación política, la fe religiosa y el dolor materno. Y el espacio, la Capilla del Puericultorio Pérez Araníbar, un escenario sagrado para el duelo.
-Melodía del desgarro-
Diseñado por Romo Arquitectos (José Luis Monteverde y Lorena Rotalde) para Casacor 2025, el espacio Chrysalis, Café Librería Ibero x Alanya se transformará en un santuario sonoro. Sus arcos de medio punto, bóvedas de cañón y retablos de madera negra amplificarán la resonancia de esta obra minimalista. Los vitrales filtrados proyectarán luces cambiantes sobre los muros encalados, mientras el piso de mayólica vibrará con cada pizzicato de los contrabajos.
Ocurre que De ausencia en ausencia no es una pieza convencional. Es un laberinto de silencios y presencias donde Fernández-Cunliffe entretejen dos melodías simbólicas: “You Can Fly”, el tema de Peter Pan de Disney, y “La manzana perdida”, una canción de cuna cubana políticamente instrumentalizada. La elección no es casual: la primera alude a la inocencia arrebatada, la segunda al arrullo que nunca llegó.
Los violines y violas dibujan intervalos estrechos (segundas, terceras) como susurros entrecortados, mientras el cello y contrabajo rompen con saltos abruptos evocando el vacío de los niños arrancados de sus camas. El piano, en cambio, actúa como hilo conductor, enlazando motivos que se desvanecen antes de culminar.
La obra carece de pulso fijo. Los pizzicatos imitan pasos apresurados en un aeropuerto, mientras los silencios («∑») representan las cartas nunca respondidas. En el clímax, los clusters del piano chocan contra las cuerdas, un caos controlado que simboliza el desembarco en Miami. El contrapunto entre cuerdas y piano refleja la dualidad del exilio —los que se fueron y los que quedaron—. Los armónicos y el pianissimo extremo («π») sugieren voces ahogadas por el mar.
-Tejiendo memoria-
Cunliffe, conocida por su activismo cultural, convirtió un camión de los años 60 —usado por la Revolución Cubana para alfabetizar— en un cine itinerante que proyectaba films sobre los niños Peter Pan. Ahora, tras su participación en la Bienal de Cuba 2024, trae a Lima esta obra como un monumento sonoro. «No es solo música, es un acto de reparación», afirma. Su curaduría vincula el desarraigo cubano con la migración global actual, invitando al público a escuchar el llanto de las madres que entregaron a sus hijos pensando en un paraíso que nunca existió.
Así, los asistentes ingresarán a la capilla como quien entra a un santuario. La muy reconocida Orquesta de Cámara Haku ejecutará la pieza en cuatro movimientos: «La partida» (violines en pizzicato, notas que se esfuman), «El vuelo» (el piano distorsiona «You Can Fly» en un vals dislocado), «La carta» (silencios prolongados, interrumpidos por arpegios del cello) y «El regreso imposible» (un único violín repite «La manzana perdida» en loop, hasta extinguirse).
Para el final, Sonia Cunliffe ha previsto que el último acorde se diluya hacia el crepúsculo de la melodía. Para un concierto que, con seguridad, trascenderá lo artístico: será un ejercicio de justicia poética donde la música devuelve voz a los sin voz. Y todo bajo las bóvedas del Puericultorio, que sigue albergando a niños altamente vulnerables. «Porque si el arte no cura, nombra la herida», dice Sonia, cuya labor social desde hace mucho tiempo incide sobre ese ese noble espacio de la avenida Ejército.
Y cuando el último violín se calle y las sombras de la capilla devuelvan el silencio, solo quedará flotando una pregunta en el aire: ¿Cuánto pesa la partida de un niño? De ausencia en ausencia no responde, pero obliga a cargar con ella (Czar Gutiérrez).

